INICIO


Manifestaciones y próximos eventos







REFLEXIONES DE UNA DE NUESTRAS VOLUNTARIAS: MELI

Veréis, hace unos días, caminando por Cibeles, vi a un mendigo que tenía un perrito tipo mix podenco con labrador, idéntico a una perrita que yo recientemente había tenido acogida.  Así que, nada más verlo, me tiré como loca al suelo para jugar con él, hacerle alguna carantoña y si podía, darle alguna chuche.

 

El perrito, super cariñoso, me correspondió enseguida y fue entonces cuando el dueño me empezó a contar la historia de que lo tenía sin vacunar desde el 2015 (no puede pagarlo, lógicamente) y que la policía le había dado 2 días de plazo para hacerlo.  En caso contrario, el perrete le sería retirado  (con el consiguiente envío a la perrera, imagino).  A mi me saltaron todas las alarmas y rápidamente empecé a preguntarle:  pero ¿cómo puede ser?, ¿estás seguro?  Vamos a ver ¿dónde tienes los papeles del perro?.  El chico me enseñó la cartilla, el justificante del RIAC, etc…. Y efectivamente, el perrito llevaba casi 2 años sin vacunar de la rabia.

 

Ni corta ni perezosa, cogí todos los datos de la veterinaria y le dije:  “Por favor, mañana sin falta le llevas a vacunar, que yo voy a hablar con tu veterinaria y te voy a pagar la vacuna y todo lo que necesite el animal. Pero por favor, no dejes de hacerlo”.  El mendigo se quedó muy contento y me prometió que así lo haría.

 

Al rato, llamé a la veterinaria y en efecto, tenía la ficha del perro, le conocía perfectamente y se acordaba de él y de los dueños, que llevaban mucho tiempo sin pasar por la clínica.  Cuando le expliqué que yo estaba dispuesta a hacerme cargo de los gastos del perrito, me dijo que ”de ninguna manera, que a ella no le importaba atenderlo y vacunarlo  de forma totalmente gratuíta”.  Mira, me dijo “este dinero, si quieres, lo empleas en ayudar a otros perros, que hay muchos necesitados, que de verdad que no me importa….”  .  Y así ha sido, Trueno ya está vacunado, revisado y tan feliz. 

 

Así que estoy muy contenta, entre otras cosas, porque fue providencial que yo pasara esa tarde por allí y me pusiera a jugar con el perrete.  Tal vez, en otro caso, el pobre hubiera acabado en La Fortuna.

 

Y esto es lo que os quería contar, para que, conociendo historias con final tan feliz como esta, todos nos sensibilicemos y veamos que, solamente haciendo pequeñas obras de caridad, a veces sin saberlo, estamos contribuyendo a salvar una vida.  Hay muchísimos perretes por ahí esperando que, de alguna manera, llegue un rayo de esperanza para sus tristes vidas.

 

Gracias por leer mi historia.